Miss Caffeina

Redacción de la nota de prensa del disco Detroit, de la banda madrileña Miss Caffeina. Aquí el texto escrito por encargo de Warner Music:

Cuando nos adentramos en “Mira cómo vuelo”, el primer single del nuevo disco de Miss Caffeina, descubrimos que la banda ha decidido seguir un camino (correcto) que les lleva al synth pop sin perder su esencia y los rasgos que les han hecho una de las bandas más prometedoras de España. Detroit, a la venta el 26 de febrero, es un tercer trabajo que en su título deja una declaración de intenciones: “Evocamos a una ciudad fantasma que en un pasado brilló mucho y a la que ahora le toca volver a empezar. Se trata de un tema recurrente en el disco”, reconoce Alberto Jiménez, cantante del grupo.

Sí, siguen siendo Alberto, Sergio, Álvaro y Toni; han vuelto a confiar los mandos a Max Dingel, productor del anterior De polvo y flores y de bandas como White Lies o Goldfrapp; y claro, siguen siendo ese grupo especialista en crear himnos generacionales, de esos que entran por el oído, se meten en el corazón, estallan y salen eufóricas por la boca llenas de emoción.

En su camino hacia un rock más electrónico, las guitarras siguen siendo la base de una fortaleza que Miss Caffeina han construido a lo largo de esa carrera que iniciaron hace 10 años. Pero en esta nueva aventura los sintetizadores han reclamado protagonismo -ya lo hicieron en la encantadora “Venimos”, de su anterior disco-, y dotando al grupo de una atmósfera envolvente, futurista y sofisticada -ayuda a esta sensación la portada y el arte obra de Guillermo Vázquez, además de las fotografías de Guille Sola-.

Escuchando Detroit te surgirán un puñado de comparaciones, entre las clásicas -New Order, Joy Division o el Bowie más electrónico- y las más contemporáneas -M83, The Naked and Famous o CHVRCHES-; pero lo cierto es que este disco supone la esperada madurez que exigimos a todo grupo en su tercer disco. El camino hasta aquí ha sido largo, y sin embargo, Miss Caffeina han tenido la paciencia y perseverancia para cimentar un talento propio validado cada vez por un mayor número de seguidores. Sus directos, efervescentes y llenos de entusiasmo, reúnen a un público amplio y variopinto y su nombre sigue escalando en los carteles de los principales festivales del país. Sin duda, este es el disco definitivo de los “Missca”.

Detroit son 11 canciones que siguen engalanadas con estribillos que se gritan al mundo como la mayor de las reivindicaciones. Esos 11 trallazos forman un conjunto pero cada uno de ellos tiene alma propia y un encanto particular que logra conquistar a la primera escucha: la cadencia de “El rescate”, las ganas de corear “Mira como vuelo” con los amigos, el guiño acústico y desnudo en “Eres agua”, o cómo se te van los pies con ese acercamiento a la música disco de “Ácido”.

Esta nueva entrega de Miss Caffeina es un disco especial para la banda, y eso se respira al escucharlo: casi puede sentirse la empatía y el buen rollo vivido durante la grabación del cuarteto junto a un célebre grupo de amigos que incluyen a Víctor Cabezuelo (Rufus T. Firefly), que contribuye a los sintetizadores y en la composición de “Detroit”, canción que abre y titula al disco; Martí Perarnau (Mucho), co-autor de “Ácido” y también invitado a los sintetizadores; Jorge González (Vetusta Morla), que pone su sello especial en algunas percusiones; Coki Giménez (M-Clan), batería habitual del grupo en directo; o Zahara, que de forma honorífica aporta “palmas y bailes” a este trabajo.

La labor de Max Dingel como productor ha conseguido moldear el talento de un grupo que no se cansa de aprender, experimentar y jugarle a la contra a las reglas. La valentía que representa este cambio de camino que es Detroit supone un aplauso al riesgo y a la ilusión por sorprender con la música, donde muchas veces se piensa que todo ya está inventado. Así es como Miss Caffeina se reinventan y nos invitan a verles flotar, volar y avanzar valientes dejando todo atrás. Si a Ryan Gosling le diera por volver a ser aquel conductor sin nombre de Drive, este disco debería sonar a todo volumen dentro de aquel coche molón.

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